Manuel Mantero en 1986

Manuel Mantero

Entrar a conocer la vida y la obra de Manuel Mantero es adentrarse en un misterioso espacio de arte y de cultura donde se nutren […]

Boda, en Madrid, de Nieves Gil Díaz-Agero y Manuel Mantero. Saliendo de la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, 27 de junio de 1963. También en la foto, Vicente Aleixandre, que firmó como testigo.

Cronología

1930 Nace en Sevilla el 29 de julio, en el nº 5 de la calle Estrella. Se le imponen los nombres de Manuel, Alfonso y […]

Medalla de Oro de la Ciudad de Sevilla, Teatro Lope de Vega. 30 mayo 2005.

Premios y honores

Premio Nacional de Literatura por el libro de poemas Tiempo del hombre (1960). Premio Fastenrath de la Real Academia Española de la Lengua por el […]

Manuel Mantero

Obras publicadas

Poesía Mínimas del ciprés y los labios, Arcos de la Frontera, Col. Alcaraván, 1958 (60 páginas). Tiempo del hombre, Madrid, Col. Ágora, 1960 (70 páginas). […]

Mínimas del ciprés y los labios

Aquel Manuel Mantero

A Luis Rosales Como el patio levanta su sangre de clavel te levanto del sueño, a ti, Manuel Mantero, que ignorabas la curva de un […]

Mínimas del ciprés y los labios

Tacto maravilloso

Tiempo y espacio. Todo tiene su ola y su arena en la playa final del gozo. No el tocarte. Deja que te acaricie, maravillosamente, como […]

Mínimas del ciprés y los labios

Un sueño

Aquel sueño que puso mi cerebro más triste que un bosque de viudas, aquel sueño soñado hace mil años, me ha ofrecido de nuevo su […]

Mínimas del ciprés y los labios

La desnudez original

¡Musgo, píos, colores, saltos, cañada, paraíso! ¡Aquí sí que los hombres nacerían sin queja, voluntarios! Le dije a la cañada: -¿Se puede? -Sí, desnudo y […]

Tiempo del hombre (1960)

Siete de abril

¿Es fiesta hoy? ¿Qué santo se celebra, qué batalla, qué blanco aniversario? Estas campanas ¿a qué gloria tocan, de qué evocada anunciación dependen? Pregunto al […]

En Florencia con Ángel Crespo

Mi reacción ante la poesía de Ángel Crespo la he manifestado en varios textos en prosa, críticos y más personales. Quiero ahora recoger aquí un poema mío inédito donde él “aparece”, escrito en Florencia en octubre de 2002, cuando recordaba yo, a orillas del Arno, algunos versos de poemas suyos y otros de Dante. Se trata, concretamente, de los poemas titulados “Affresco” y “Dante Alighieri” de Docena florentina (1966) y “A Dante Alighieri” de Parnaso confidencial (1984). El de Dante es un soneto de las Rime, el que comienza “Guido, i´ vorrei che tu e Lapo ed io / fossimo presi per incantamento”.

En “Affresco”, Crespo anhela permanecer fijado en un peculiar fresco florentino:

Florencia, yo me cuajo en tus paredes,
donde la cal y el yeso
blandos me acogen y compactos me asen,
pongo manos y boca pies y manos
manos y lengua y mis manos y piel
para vivir con Ugo y Bernardino
Vincenzo Beatrice Luca Antonio,
con Andrea y Giovanni,
mientras las horas suenan, suena el Duomo,
suena sonoro el Arno, pasa el río,
pasa la luz lamiéndo-
le a David. Yo me sumo
en cuerpo y alma y cuerpo,
afirmado en el muro,
para no ser aquel
che vive come pecora nel prato.

Ángel Crespo fue un incansable exiliado, como otros colegas a quienes él se refiere en su obra, Ovidio, Petrarca, Garcilaso, el Duque de Rivas, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda… y Dante. El libro Docena florentina está escrito  en 1965, año del centenario del nacimiento de Dante.

En “Lo cierto”, de La invisible luz, conjunto de prosas incluidas en El ave en su aire (1985), Crespo, modificando la frase orteguiana, escribe: “Yo soy yo, y mi circunstancia trata de negarme”. Por eso fue un constante peregrino, nunca en Florencia, donde quiere cuajarse en sus muros y que el tiempo pase como pasa el Arno y pasa la luz. ¿Pasan? Se eternizan. Sabe que allí no tiene que luchar contra su circunstancia; Florencia significa la belleza. En “Poesía y verdad”, otra prosa de El ave en su aire, será rotundo: “La poesía no es la fuente de la belleza, sino al revés”. Crespo se sentía florentino.

Exilio también en el poema “Dante Alighieri”. Poema algo hermético:

La tarde inevitable y el poeta
casi extranjero –una edición
en biblia, las paredes
llenas de sus palabras-, y no había
quien le abriese las puertas
de la ciudad (y ni
siquiera era de aquí: le tengo visto
tras las ventanas de mi pueblo)
para que se enterrase
entre el sol y la sombra
y  no me lo topara ahora yo
saliendo del infierno.

Hermético y con su humor. Menos mal –viene a decir- que no le abrieron las puertas de la ciudad al fugitivo Dante, a quien ya viera Crespo en su querida Alcolea, y así puede tropezárselo “saliendo del infierno” en este momento. Si hubiera sido aceptado en Florencia, Dante no habría escrito la obra genial y nada le relacionaría con Crespo. El cual, por supuesto, alude a su propio infierno; Dante y Crespo coinciden en la onírica abolición de espacios y tiempos porque son el mismo poeta. Interesa añadir que Crespo odia el empleo del cliché “infierno dantesco”, que discute en su libro Las cenizas de la flor. ¿No resultaría estupendo –ironiza- que se hablara también de un “hermoso amanecer dantesco”, de una “sublime música dantesca”, de “una graciosa muchacha dantesca”?

El poema “A Dante Alighieri” pertenece a Parnaso confidencial. Describen sus tercetos encadenados (homenaje a los tercetos de la Comedia), con toques platónicos, la llegada de Ángel Crespo a los umbrales del paraíso:

…………………………………………….

y vi, tras escuchar voces amadas
y hollar del hombre la mansión primera,
a Beatriz y a las almas transmutadas.

A Dios no vi, porque mi vista no era,
como la tuya, inmune a lo divino,
mas hice a mi palabra que fingiera

con tanto amor tus versos, que el Destino
no ha de impedir que estemos frente a frente
cuando haya andado todo mi camino:

y ya no sé vivir entre mi gente.

La luz de lo divino le deslumbró, no dejándole contemplar el origen de esa luz, pero afirma orgulloso que el destino no le impedirá ver un día a Dante, porque el traductor Ángel Crespo puso con mucho amor su palabra castellana al servicio de la del otro. En un soneto del mismo libro, le dice a Petrarca que, por haberle traducido “sin desviarme / y sin ahorrar mi lima”, espera que le inicie en el canto inefable de la eternidad, ya inútiles los versos de Petrarca y los suyos. Petrarca le guiará, como Beatriz a Dante. El plano temporal del poema va del pasado al futuro como en un sueño. Sí, Crespo verá a Dante cuando termine su camino (otra vez el peregrinaje), aunque ya está listo, más exiliado que nunca, más ansioso de recobrar su patria verdadera: “y ya no sé vivir entre mi gente”, o sea, la gente de su alrededor terrenal. Es la obsesión de luchar contra su circunstancia, traspasarla para encontrar la gente incontaminada del paraíso. Cuando publica Ángel Crespo Parnaso confidencial, le quedaba de vida algo más de once años, pero ya estaba maduro, dispuesto al adiós.

Mi poema, escrito en Florencia y dedicado a Ángel Crespo, ha tenido en cuenta los poemas citados de Crespo, y especialmente un soneto de Dante cuyo destinatario es Guido Cavalcanti:

Guido, i´ vorrei che tu e Lapo ed io
fossimo presi per incantamento
e messi in un vasel, ch´ad ogni vento
per mare andasse al voler vostro e mio;

sì che fortuna od altro tempo rio
non ci potesse dare impedimento,
anzi, vivendo sempre in un talento,
di stare insieme crescesse ´l disio.

E monna Vanna e monna Lagia poi
con quella ch´è sul numer de le trenta
con noi ponesse il buono incantatore:

e quivi ragionar sempre d´amore,
e ciascuna di lor fosse contenta,
sì come i´ credo che saremmo noi.

El fantástico viaje en barca de mi poema se desarrolla en el río Arno y no en el mar; los enamorados que están con Dante son Ángel Crespo y Manuel Mantero sustituyendo a Guido Cavalvanti y a Lapo Gianni, y con Beatriz las amadas son Pilar (esposa de Ángel Crespo) y Nieves (esposa de Manuel Mantero), las dos en lugar de Vanna y Lagia, las amadas de Guido y Lapo. El que dos esposas figuren como amadas reales e ideales pudiera haber desconcertado a Dante. Qué le vamos a hacer. “Il buono incantatore” –Merlín- es también en mis versos el responsable maravilloso del encuentro de las tres parejas y del viaje por el río.

Mi poema está escrito en verso acentual, extraño a nuestros poetas. Conversando Ángel y yo en una ocasión, le dije que iba a escribir poemas con el ritmo acentual de la antigua poesía inglesa popular. No son estos versos los primeros que publico desde esa intención, ni creo que serán los últimos. Constituyen un homenaje al poeta amigo que también quería que sonara de otra manera la música acostumbrada de gran parte de la poesía española actual.

E-MAIL PARA ÁNGEL CRESPO

Ángel, qué dicha
si por obra del mago Merlín
nos encontráramos de pronto juntos
Dante, tú y yo
aquí a orillas del Arno
y por obra del mago Merlín
descendieran de un globo de luz
Pilar, Nieves y Beatriz
y en una barca adornada con guirnaldas
nos dejáramos llevar por la lenta
corriente del río, dialogando
sobre los siglos que estuvimos lejos
de Florencia, y sobre el amor, juntos
los seis, en casa para siempre,
mientras Florencia reverbera al sol.

Quimera 254, Barcelona, marzo 2005.